IagoMax
  Capitol5
 

Ejem ejem! Alguien tosa al lado de ellos. Miran para ver quién les ha sacado de su estado de felicidad y descubren que ha sido Eli. De aspecto más maduro pero sin perder esa inocencia que la hace tan especial, Eli se coloca al lado de ellos. Maleta en mano y carácter en cara, Eli les sonríe.


- ¿Qué? ¿Qué tal Iago Leibovitz y Max Schiefer? – pregunta irónica.


- ¿Cómo no vamos a adorarle con lo pequeñita qué es? ¡Eres adorable Eli! – dice Iago, con una imitación muy exagerada de una abuela que acaricia con pellizcos cariñosos a su pequeña nieta.


- Adorable y pequeñita, tu puñetera... – casi mete la pata. Berta ya no está aquí, pero Iago no se molesta. Es más, sigue con la broma.


- Ya, mi madre muerta y mi padre desaparecido. Una familia disfuncional de manual. Mi vida da para un guión de película independiente – Iago asume con humor las putadas que le ha deparado la vida. Max le acaricia la espalda y Iago le devuelve el gesto con una sonrisa sincera.


- Bueno, que eso... ¡Qué no me digas adorable! – replica Eli, corriendo un tupido velo.

Max, espectador, ríe viendo la batalla épica de ironías y confesiones que se dedican ambos.


- Entonces... ¿listos para empezar un nuevo capítulo de nuestra vida? – dice un optimista Max.


- Sí – responde Eli casi convencida. Los inevitables y necesarios nervios pre vida nueva todavía están en la superficie y, de vez en cuando, actúan por cuenta propia, esquivando en jugada maestra a la razón.


- Sí – dice un totalmente convencido Iago.


- No tengas nervios, Eli. Yo los tengo por todos – dice Max.


- Más que nervios, son los recuerdos que dejo aquí. Mi hermano Ros, todo lo vivido en Can Sarró, lo de Iván... – recuerda Eli con cierto poso de nostalgia en los ojos.


- ¿Cómo lo llevas? – se preocupa Iago.


- Lo llevo como puedo... Pero bueno, algunos recuerdos se quedan aquí – determina Eli, optimista, sonriendo melancólicamente.

La megafonía recuerda a los pasajeros con destino Madrid que vayan subiendo al tren. Max, Iago y Eli miran, instintivamente y por última vez, la estación. Detrás de esas paredes, una ciudad, una vida que queda en el recuerdo. Algunos más que otros, se emocionan y acompañan ese momento con lágrimas tímidas. Iago rompe el momento. Coge su cámara y enfoca.


- Max, Eli. Una foto para el recuerdo. Poneos.

Ambos se miran. Se ríen. Saben que el no no es una opción de respuesta. En el fondo, quieren inmortalizar su último momento en Barcelona. Una despedida de su antigua vida. Una foto que siempre podrán mirar y recordar: tuvimos las narices a empezar de nuevo. Sonríen con toda el alma. Iago ríe también. Incluso, una lágrima nerviosa disimulada tras la lente sale a proclamar la emoción que Iago no ha querido expresar. Pero no hay lógica para las emociones. Click. Otra foto perfecta. Cuando se juntan tantas emociones y tantos sentimientos sinceros, no puede más que salir una foto totalmente sincera. Iago retira la cámara de su ojo y Max ve el rastro del verdadero sentimiento de su chico cayendo por la cara. Max le guiña el ojo mientras Eli desvía la mirada para no invadir ese momento íntimo. Iago mira de nuevo a la estación. Reconoce a alguien.


- Max – dirige su mirada a alguien.
 

José B. Fernández

 
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