IagoMax
  Capitol4
 

La imagen recoge muda los aconteceres cotidianos de la estación de tren. Unos pequeños virus pixelados se chivan de la naturaleza fotográfica de la imagen. Tras un breve pero intenso juego de las lentes, que llegan a un consenso que permite que la imagen quede lo más nítida posible, la cámara se va moviendo, traviesa y curiosa, alrededor de aquel lugar, contenedor de las más variadas emociones y sentimientos. La tristeza de la familia que se separa pero la alegría de la que se reúne. La felicidad de los enamorados reencontrados da paso a la enfermedad más puta de todas: el desamor. Gente con maletas cargadas de sueños en pos de un nuevo inicio.

Tras detenerse brevemente por esos momentos y batirse en retirada al no captar la esencia y considerar que son demasiado personales como para invadirlos, la cámara sigue buscando su objetivo. El primer plano de un Max ajeno al mundo y encerrado en la pantalla de la cámara, hace acto de presencia. El movimiento se detiene inmediatamente. Como si de una especie de susurro suave invocando su presencia se tratase, Max mira de reojo a la cámara hasta darse completamente la vuelta y cambiar la incredulidad por una enorme y sentida sonrisa.


- Sonríe Max – dice un divertido Iago detrás de esa barrera fotográfica.


- Venga, Iago. Ya, que sabes que no me gusta salir, que siempre salgo con esa sonrisa vacía y automática de foto que me sale siempre – responde Max, sin dejar de sonreír.


- Venga Max. Eres guapo y sales guapo. Y ahora mírame.

Max se sonríe tímidamente y con una expresión en los ojos que si hablasen dirían “qué paciencia”. Los de Iago brillan. Ha encontrado la imagen perfecta que estaba buscando. Con el click de la cámara confirma que esa era la imagen que quería. Lista para la inmortalidad.


- Aquel curso de fotografía ha sido el mejor regalo que te he podido hacer. Y la cámara que encontraste tirada de precio en ebay te ha salido muy buena. La has convertido en una extensión de tu mano Iago – dice Max.


- Sí, he encontrado una nueva manera con la que expresarme. Además, a mi profesor le gusta mucho la visión de artista que tengo y me animó a seguir. Bueno, y tú también. – Se acerca a Max y le acaricia con el brazo izquierdo-. Max, nunca he tenido tiempo para poder encontrar algo con lo que expresarme y con la foto me siento muy bien. Captar los momentos, a la gente.


- Me alegra mucho Iago. Ya te he dicho que tienes mucho ojo y que me gustan tus fotos. Tienes un ojo increíble para ello. Bueno, y para otras cosas... No sé si me explico.- Se ríen.


- Ya verás cuando lleguemos a nuestra nueva casa. Te voy a hacer un estreno completo: fiesta de presentación, película y charla debate.


Ambos se ríen. Enamorados y cómplices.
 

José B. Fernández

 
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