IagoMax
  Capitol2
 

Max continua hablando con Clara al tiempo que el café va desapareciendo, ya desprotegido de su humeante defensa. Conversan animadamente, a pesar de ese sentimiento de última charla que les lleva acompañando hace rato.


- Ha cambiado tanto. Todavía recuerdo cuando entró en nuestras vidas hace un año. ¿Te acuerdas? No podíamos ni vernos. Su chulería me ponía de los nervios, pero he de confesarte que me excitaba mucho.


- Jaja, es verdad. La de veces que os tuvimos que decir Berta y yo que os llevaseis bien y, un año más tarde, os vais a Madrid a vivir juntos y empezar de nuevo. ¿Has llegado a hablar con Beni?


- No, desde que pasó lo de Can Sarró no. No me gustó nada que se mezclase con Iván pero que fuese su firma la que nos echó a todos de Can Sarró... Que no me contase nada, que exigiese respeto cuando él no lo tuvo... Si hubiésemos hablado... Tantas cosas y no consigo... En fin, supongo que ya lo hablaré cuando venga de nuevo.


- Está muy tocado. No se termina de creer que te vayas.


- Ya, él tampoco ha venido a verme. Además, sigue sin querer ver a Iago así que no creo que tenga más que decirme.


- Qué mal me sabe que acabéis así, Max.


- Ya, a mí también, pero es que es imposible comunicarnos cuando está claro que hablamos distintos idiomas.

 

Iago sigue hablando tranquilamente. Mira fijamente a los ojos de la foto de Berta.


- Mira que hecho lo posible para hacer que al menos pudiésemos hablar como personas adultas pero no ha habido manera. Max está muy decepcionado tanto como Beni como con él mismo. No ha llegado a entenderse con su padre. Como yo con el mío. El otro día encontré escondida entre tus cosas una carta de él. En un principio me sorprendió que no me la dieses pero estaba tan escondida que hasta el recuerdo se olvidó de ella. Estuve a punto de tirarla, pero no sé por qué, no lo hice al final. Es más, la leí. Estaba escrita con sentimiento, con talento, con las palabras perfectas... de un padre para un hijo. ¡Qué afortunado es ese hijo! Lástima que yo sea yo.

 

Clara se termina el café. Max hace un rato que lo hizo.
- Y ¿cómo lo lleva?
- No quiere hablar del tema. Lo evita. Supongo que es normal. Es algo demasiado personal, Clara. Me la pasó para que la leyese y lo que escribió es tan bonito como tardío.


- Berta me contaba que era muy buen escritor. Sabía todos los trucos para hacer magia con las palabras, pero que tan talentoso era para plasmar sus sentimientos en un escrito y decirlo todo como para fastidiarla cuando tenía que decirlos a viva voz. Se quejaba de que era demasiado cobarde para hacer frente a sus errores y muchas veces es tarde cuando reaccionas. Pero cuando se trata de un hijo hay que intentar arreglarlo, aunque sepas que es imposible. No hay que olvidar que un padre es un padre y por un hijo se hace lo que sea, incluso cagarla estrepitosamente.

Iago no quiere emocionarse, lucha contra el sentimiento que quiere salir.


- Pero no quiero saber nada de él. Sé que ha intentado acercarse a mí, pero todavía no le he visto. Para mí no es nadie. Pero bueno, no he venido aquí a despedirme hablando de mi padre, sino a contarte mis planes de futuro: con Max, con la fotografía... Fue hacer ese curso y encontrar una nueva manera de expresarme. Voy a procurar trabajar en fotografía. Vida nueva, trabajo nuevo. Y, además, nos vamos los 3. Jaja. ¿Sabes? Me siento afortunado.
 

José B. Fernández

 
  Total: 74610 visitantes (176811 clics a subpáginas)  
 
=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=